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ENSFO. Textos anormales

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T T E E X X T T O O S S M M A A T T A A L L D D E E C C R R E E A A C C I I Ó Ó G G R R U U P P C C O O M M P P I I L L M M A A R R C C E E L L A A R R V V Colección G E E S S C C U U E E L L A A N N O O R R M M A A L L S S U U P P E E R R I I 3 A A N N O O R R - - E E S S E E R R L L I I T T E E R R A A R R I I A A 4 4 0 0 1 1 D D O O R R E A A D D A A M M I I Á Á N N elaguetza R R F F E E D D E E R R A A L L D ... more. less.

D E E O O A A X X A A C C A A 5 C C a a t t a a l l o o g g a a c c i i ó ó n n Autor: Taller de creación literaria. Grupo 401. ENSFO.<br><br> Compilador: Marcel Arvea Damián. Título: T EXTOS A NORMALES . Editorial.<br><br> Editorial La Mano/ENSFO. Colección. Guelaguetza.<br><br> Primera Edición. Oaxaca de Juárez, Oaxaca. México.<br><br> 2009. Temática: 1. Poesía.<br><br> 2. Textos narrativos. 3.<br><br> Taller de creación literaria. 4. Producción de textos.<br><br> 5 Habilidades comunicativas. 6 Estrategias didácti- cas. Taller de Creación Literaria 401 Mariela del Carmen Mendoza Arellanes, Cecilia Martínez, Abi- gaíl Marín Alavez, Floriana Cruz Cruz, Mildred Carolina Man- zano Carrillo, Norma Oliva Martínez Torrez, Patricia Carrasco Ramos, Aurora Hernández López, Josefina Castro Velasco, Ju- lia Isabel Jiménez Pascual, Evelia Pérez Amaya, Roselia Terán Gopar, Mayra Regalado Hernández, Rosario López Cuevas, Al- fonso Muñoz Ríos, Alejandro Hernández González, Néstor Da- niel García Hernández, Juana Perfecto Castañeda, Cinthya Cruz Fajardo, Lorena Margarita Ramírez Ojeda, Norma Canseco Díaz, Guadalupe Gutiérrez Jiménez, Edgar Cervantes Pérez, Merit Flores Reyes, Yeriley del Carmen Rueda León, Joel Solórzano Borja, Ildefonso Gómez Colin, Ana Edith Tomás Ramírez, Javier Candelario López Aburto, Lamberto Jiménez Felipe, Marcel Ar- vea Damián.<br><br> Todos los derechos reservados. Taller de creación literaria 401 esp.401@hotmail.com D. R.<br><br> © Imágenes de portada e interiores: Mariela del Carmen Mendoza Arellanes D. R. © Diseño de portada e interiores.<br><br> Alejandra Duarte de la Llave y Fernando Cruz Pérez. Imagen de portada : Mujer esperando el amor. Mariela del Carmen Mendoza Arellanes Editorial La Mano dcg_lamano@hotmail.com Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento expreso y escrito del autor.<br><br> Impreso y hecho en Oaxaca, México / Printed and made in Oaxaca, Mexico. Primera Edición . Oaxaca de Juárez, Oaxaca.<br><br> México. 2009. 6 Índice 5 Índice 9 11 Prólogo 14 15 Presentación 17 Productos del Taller de creación literaria 21 ¡No se olvida!<br><br> 39 ¡Ya entraron! Edgar Cervantes Pérez Impotencia Norma Canseco Díaz Despierta Evelia Pérez Amaya Junio 2006 Cecilia Martínez Flavio Rosario López Cuevas Tregua Lamberto Jiménez Felipe La indiferencia Mariela del Carmen Mendo- za Arellanes Mi gente Mayra Regalado Hernández La lucha constante Floriana Cruz Cruz Ciudad de fuego Alfonso Muñoz Ríos La vanguardia Marcel Arvea Damián 41 niñas y niños de mi tierra 57 Jorgito, por siempre tú Floriana Cruz Cruz Yo no tenía la culpa Norma Oliva Martínez Torrez Mis muchitos de polvo Edgar Cervantes Pérez Gloria Lorena Margarita Ramírez Ojeda Niños de la soledad Cecilia Martínez Minerva Patricia Carrasco Ramos 7 Alejandro Mariela del Carmen Mendo- za Arellanes Adela Marcel Arvea Damián 59 mi Tierra 74 Sentimiento Mixe Ildefonso Gómez Colin Nuestra Tierra Ildefonso Gómez Colin Recuerdos de humildad Ildefonso Gómez Colin El Cristo Crucificado Guadalupe Gutiérrez Jimé- nez Crescencio Guadalupe Gutiérrez Jimé- nez Exhorto de la madre tie- rra Julia Isabel Jiménez Pas- cual El viaje Cecilia Martínez Tierra Bendita Lorena Margarita Ramírez Ojeda 75 textos educativos 87 Ética y estética de la práctica educativa Javier Candelario López Aburto Educación y diálogo Joel Solórzano Borja El futuro posible Ana Edith Tomás Ramírez 89 autorretrato y autobiografía 99 Autorretrato Rosario López Cuevas Sueño con volar Merit Flores Reyes Afortunada Patricia Carrasco Ramos Autorretrato Mayra Regalado Hernández Autorretrato Yeriley del Carmen Rueda León Autobiografía Merit Flores Reyes 8 101 palabras encontradas 109 Resentimiento hipócrita Cecilia Martínez Hermoso engaño Josefina Castro Velasco La nostalgia y tu recuerdo Floriana Cruz Cruz Encuentro y despedida Mildred Carolina Manzano Odio y cariño Juana Perfecto Castañeda Amor y desamor Lorena Margarita Ramírez Ojeda Impotencia Néstor Daniel García Hernández 111 los amorosos 120 El Amor Aurora Hernández López Amor y muerte Cecilia Martínez Llévame contigo Roselia Terán Gopar El amoroso Mariela del Carmen Mendo- za Arellanes Del amor y otras cuestio- nes Alejandro Hernández González Ausencia Merit Flores Reyes Amor y muerte Norma Canseco Díaz 121 mujer, madre y maestra 146 Hija de la luna Josefina Castro Velasco Gracias por estar conmigo Alejandro Hernández González Dios es bondadoso con- migo Yeriley del Carmen Rueda León Fernanda Patricia Carrasco Ramos La abuela ausente Ildefonso Gómez Colin Tesoro invaluable Julia Isabel Jiménez Pas- cual La estrella de papá Abigaíl Marín Alavez 9 Siempre Mariela del Carmen Mendo- za Arellanes Gracias Roselia Terán Gopar Libre en corazón y pen- samiento Merit Flores Reyes Nada sería sin tu luz Patricia Carrasco Ramos Viva para Contarla Mildred Carolina Manzano Carrillo. Para ti Juana Perfecto Castañeda Madre Abigaíl Marín Alavez Mujer invencible Rosario López Cuevas Lo mejor de mi vida Cecilia Martínez Amiga Norma Canseco Díaz Amiga Cecilia Martínez 147 el lado oscuro del corazón 158 La gran verdad Evelia Pérez Amaya Del amor y la muerte Ildefonso Gómez Colin En mis sueños Alfonso Muñoz Ríos Te extraño Javier Candelario López Aburto El lado oscuro del corazón Juana Perfecto Castañeda Secreto Eli La fe en el amor Julia Isabel Jiménez Pas- cual Silencio Cecilia Martínez 159 miradas 168 Mirada de esperanza Floriana Cruz Cruz Miradas Roselia Terán Gopar Ojos tristes Floriana Cruz Cruz Dulces ojos castaños Norma Oliva Martínez Torrez Muero Aurora Hernández López 9 Destellos de luz en tu mirada Aurora Hernández López Miradas Ana Edith Tomás Ramírez 169 amor y desamor 182 Aferrado a ti Edgar Cervantes Pérez Palabras guardadas Josefina Castro Velasco Alguien Cinthya Cruz Fajardo Cuánto te quiero Javier Candelario López Aburto Gracias amor Ana Edith Tomás Ramírez Dos palabras Néstor Daniel García Hernández Quédate conmigo Cinthya Cruz Fajardo Sed de ti Lamberto Jiménez Felipe 183 textos libres 199 Manto terrenal Mildred Carolina Manzano Carrillo La batalla de las letras Alejandro Hernández González Saltamontes Mariela del Carmen Mendo- za Arellanes De lo inefable Marcel Arvea Damián 201 Apéndice 214 Estrategias educativas para la producción de textos narrativos y poéticos.<br><br> Marcel Arvea Damián Escuela Normal Superior Federal de Oaxaca ENSFO Directorio Director Gene Mtro. Luis López C Subdirectora acad Lic. María Elena Ramíre Director de la Licenciatu Mtro.<br><br> Lamberto Jimén Taller 401 de creació Cecilia Martín Merit Flores Re Alfonso Muñoz Floriana Cruz C Evelia Pérez Am Joel Solórzano B Roselia Terán G Abigaíl Marín Al Norma Canseco Marcel Arvea Da Cinthya Cruz Faj Rosario López Cu Ildefonso Gómez Edgar Cervantes Josefina Castro V Patricia Carrasco Aurora Hernández Lamberto Jiménez Ana Edith Tomás R Juana Perfecto Cas Mayra Regalado He Julia Isabel Jiménez Norma Oliva Martíne Guadalupe Gutiérrez Alejandro Hernández Javier Candelario Lóp Yeriley del Carmen Ru Néstor Daniel García Lorena Margarita Ram Mildred Carolina Manz Mariela del Carmen Mend 10 al: nseco mica: Avendaño a de Español: z Felipe literari z es íos uz y rja par vez íaz ián rdo evas olin érez lasco amos López Felipe mírez añeda nández Pascual Torrez Jiménez onzález z Aburto eda León ernánde rez Ojeda no Carrillo za Arellanes 11 Prólogo Lo anormal de la Normal I cSólo le pido a Dios que sea normal. d ¿Quién no ha dicho o pensado estas palabras cuando sabe que la vida le ha premiado con la posi- bilidad de ser madre o padre? Si la norma hace la normatividad y la norma- tividad regula la normalidad; entonces quién deter- mina la frontera que divide lo normal de lo anormal ¿Qué norma podría regular a quienes, por ser distin- tos, son acusados, sentenciados y condenados de canormales d ? ¿Qué solicitamos a Dios cuando pedimos un hijo cnormal d ?<br><br> Bueno, en fin. Se trata de escribir el prólogo de este libro que tiene el sugerente título de Textos aNormales . Sugerente porque emana de las aulas de una Escuela que presume de ser cNormal d .<br><br> Libro que sólo un grupo de maestras y maestros del magisterio democrático oaxaqueño, fuera de lo normal 4por no decir cfuera de serie d 4, pudo imaginar y crear. Y todo acto creativo bien engendrado y conce- bido tiene necesariamente buen parto y destino. El libro que aquí tengo el gusto de prologar es fiel reflejo de quienes han experimentado el poder transforma- dor de la palabra.<br><br> Por supuesto hablo de la palabra desatada, de la palabra emancipada, de la palabra libre y verdadera. Y es que la convocatoria a la libertad de la pa- labra no pudo pasar desapercibida para un grupo sensible e inteligente. Yo mismo fui testigo de cómo la palabra hacía y deshacía malabares y sortilegios: la fiesta , la calenda , la guelaguetza , la muerte , el 12 amor , el dolor , el recuerdo , el olvido , la tristeza , el lado oscuro del corazón .<br><br> Se acusa de canormal d quien toca la guitarra con los pies y produce música agradable para nues- tros ojos; se dice canormal d quien hace pintura con un pincel en la boca y nos es agradable a los oídos y al corazón; canormal d quien escribe con sangre las historias más crudas y crueles de su vida, aquéllas que denuncian el injusto estado de cosas que desde siempre nos aburre y agobia. cAnormal d quien escribe lo que dicta el espíri- tu y el alma para liberarse de las ataduras ancestra- les de un tiempo sin historia. cAnormal d quien anuncia y denuncia, quien pinta las paredes y canta salmos sobre las dramáti- cas crucificciones que sufre nuestro pueblo.<br><br> cAnormal d quien busca en cada acto de su vi- da la fe, el amor y la esperanza de un mundo mejor; canormal d quien lucha por sus sueños y por su dig- nidad; canormal d quien ofrece su vida al servicio de la vida. cAnormal d quien reconoce su condición mor- tal y al hacerlo se hace más humano, más digno y libre, más hermoso y bello; canormal d quien camina a contracorriente, a contraflujo, sólo para sentir en el rostro la caricia suave y perfumada del amor . II Diversas ideas palpitan simultáneamente en esta obra fermentada de emociones y sentimientos, de vivencias y experiencias, de recuerdos e historias; ideas que aceleran el impulso del ser para hacer-se música y canto, amor y desamor.<br><br> Ideas de luz que alumbran el camino que pue- den ver nuestros ojos en la infinita mirada del otro . Hay una entrega plena, una pasión que rever- dece y al hacerlo resignifica la palabra generando nuevos e insospechados significados. Los escritos aquí reunidos provocan encuentro y desencuentro: 13 denuncian, liberan, reniegan, divierten, opinan, in- ventan, buscan y encuentran, atan y desatan.<br><br> Son palabras que miran y expresan el mundo de otro modo pero sin ser nunca lo mismo, porque cp 9abajo no saben mirar& d Es en la palabra y con la palabra que se aprende, comprende y emprende la acción educativa. No hay duda: cla palabra prende d ; se prende de la hermosa vida que vuela en giros de golondrina pere- grina y viajera; en las noches de malévolos pensa- mientos insaciables e indescifrables del placer y el deseo; en las caricias empapadas de sudor, de semen y lágrimas; en el mudo lenguaje de cabalgatas cru- zando pantanos y bosques donde habitan duendes y princesas, donde la imaginación es territorio sobera- no del espíritu, de la fantasía y del pensamiento. III Con la convocatoria de Marcel a la palabra y la anormal respuesta del grupo 401, la palabra pudo al fin ser dicha: palabra siendo y haciéndose, des- haciéndose y rehaciéndose, crear y recrearse.<br><br> De pronto, la palabra del silencio fue recuperada por sus legítimos propietarios y pudo al fin ser expresada y escrita: comunicada. Palabra que redime, salva, busca y alivia. Pa- labra de poetas y pintores, músicos y trovadores, danzantes y brujas.<br><br> Palabras que sanan y vuelan, juegan y ríen. Palabras aladas de interminables can- ciones que susurran en el océano profundo de los corazones sus trinos de cenzontles y jilgueros. Lo supuesto fue corroborado: El significado de la palabra es en consecuencia una elaboración comunitaria, social, que poste- riormente se interioriza individualmente, pero de cualquier manera divergente y distinta respecto al origen que originariamente la significó.<br><br> Por ello, el 14 significado de la palabra no puede sino enriquecer- se en la relación e interrelación humana, en la existencia y vida misma. Son las relaciones huma- nas en el mundo de la vida quienes otorgan signifi- cados a las palabras. Las palabras tienen el arte de hacer artistas.<br><br> IV Las palabras manchadas de sangre no se olvi- dan; las palabras de mi Tierra siguen germinando y floreciendo de tanta rabia e indignación; las palabras más hermosas y trascendentes son dichas por muje- res, madres y maestras. Palabras sentidas, pensadas y sufridas por los amorosos que danzan con la muerte el tango del amor. Palabras silenciosas y elocuentes de las mira- das, palabras que van del pasado al recuerdo y pala- bras presentes frente al reflejo de un espejo: autobio- grafías & autorretratos .<br><br> Este intento educativo de hacer un pacto tras- cendente con el tiempo a través de las palabras envía al destinatario 4que es Usted 4, el firme compromi- so del remitente por hacer llegar estos textos que por genuinos y originales, son precisamente eso: canor- males. Pensamiento y lenguaje de quienes buscan dentro de sí el gozo de la palabra escrita y leída, de quienes por eso mismo son poetas&, músicos&, lo- cas&: enfermos incurables y crónicos de su bien- aventurada anormalidad . Lamberto Jiménez Felipe Lulaa, luu beuu tapaa/ gubidxa chií 15 Presentación Esta emocionante aventura literaria comenzó un domingo del mes de octubre de 2008 en el aula N ° 01 de la Normal Superior.<br><br> El guía y corresponsa- ble de la embarcación apareció de pronto para el grupo como un completo desconocido; desde el pri- mer día atrajo nuestra atención y despertó nuestra curiosidad con su fascinante palabra. Al principio nos narró algunas de sus expe- riencias y con la frase c el mundo tiene las dimensio- nes de mi lenguaje d , nos hizo la desafiante invitación a escribir. En un primer momento hubo temor y re- celo por desnudar nuestras almas, en mostrar nues- tra fortaleza y fragilidad humana, pero hábilmente nos fue infundiendo confianza, sensibilizándonos de tal forma que las plumas corrían ágiles y sonrientes inundando la superficie blanca del papel.<br><br> Tuvimos libertad ilimitada para plasmar nuestras vivencias, sentimientos y emociones, dejando al descubierto la esencia impecable de nuestro ser. El primer tema fue la narración de las expe- riencias vividas en junio del 2006 , la cual costó lágrimas a muchos integrantes del grupo pues im- plicó revivir dolores enterrados; aunque también sir- vió de escape a tantas emociones contenidas y con- trariadas. Siguieron autorretrato y autobiografía , una mirada introspectiva hacia el misterioso yo (la inti- midad oculta y silente del ser).<br><br> Cada clase era un paseo emocionante de crea- tividad, de creación literaria, el ánimo de las compa- ñeras y compañeros se mantenía vivo y activo a pe- sar del cansancio y sofocante calor que inundaba el salón de clases. Fue admirable ver avanzar el reloj y notar miradas satisfechas y sonrisas plenas, ansio- sos por dejarse avasallar por el carisma de Marcel, quien nos ayudó a extraer el valioso tesoro que 16 guardamos en el fondo de nuestro ser para expresar- lo a través de la palabra. Los más bellos poemas aquí mostrados sur- gieron de situaciones inverosímiles; en algunos casos de una pequeña frase, de alguna metáfora improvi- sada o simplemente de pensar y sentir al ser ama- do& quizá odiado.<br><br> Cualquier suceso servía para convocar a la palabra. Otros textos y poemas nacieron del análisis y reflexión de temas educativos, ecológicos, de la in- justa infancia desgraciada, celebrando el día de la mujer . cEl lado oscuro del corazón d , película que cau- tivó miradas distraídas y pensamientos errantes, arrancó reflexiones sobre el amor y la muerte.<br><br> El poema cLos amorosos d , de Jaime Sabines, inspiró poemas de amor y desamor. Considero indispensable mencionar que la de- gustación de este placer literario adquiere vida, sen- tido y cristaliza gracias a Marcel Arvea Damián, quien encendió esta brillante chispa en nuestros co- razones, vistió nuestros sentimientos pintándonos de primavera y propició esta hermosa lluvia de palabras reunidas en cTextos aNormales d . Gracias a ello, pudimos embriagarnos de la palabra creadora, en la sencillez y alegría de las ex- periencias de aprendizaje, construyendo puentes de diálogo que nos demostraron la posibilidad de trans- formar nuestra realidad social y educativa conforme a la potencia creativa de la palabra.<br><br> Este libro reúne sólo algunos de los trabajos producidos por el grupo 401 de la Especialidad de Español de la Escuela Normal Superior Federal de Oaxaca (ENSFO); incluye también los dibujos en acuarela, lápiz y tinta que a propósito realizó nuestra compañera Mariela del Carmen. Todo realizado du- rante el séptimo semestre de la asignatura Estrate- gias didácticas de textos narrativos y poéticos. 17 Esta obra comunitaria contiene el esfuerzo y dedicación de quienes participamos en ella, mani- fiesta la riqueza humana de un grupo de aprendiza- je, reunión de sentimientos y pensamientos que in- dudablemente endulzarán la mirada de quien esto lea; quizá pueda también arrancar un suspiro ante la sensibilidad, inteligencia y esfuerzo aquí conteni- do.<br><br> Finalmente, escribir y publicar esta obra es una forma de trascender como seres humanos, como educadoras y educadores, como alumnas y alumnos de una universidad formadora de docentes. Valgan estas breves palabras de presentación para alentar y compartir nuestro esfuerzo y alegría& Cecilia Martínez alumna del grupo 401 ENSFO 18 & a todas y todos nosotros& A ¡NO! Ano Anormal Norma Normal Normales Mal Males Les Es S ¡Anormales!<br><br> 19 P P R R O O D D U U C C T T O O S S D D E E L L T T A A L L L L E E R R D D E E C C R R E E A A C C I I Ó Ó N N L L I I T T E E R R A A R R I I A A T T E E X X T T O O S S A A N N O O R R - - M M A A L L E E S S T T A A L L L L E E R R D D E E C C R R E E A A C C I I Ó Ó N N L L I I T T E E R R A A R R I I A A G G R R U U P P O O 4 4 0 0 1 1 L L I I C C E E N N C C I I A A T T U U R R A A D D E E E E S S P P A A Ñ Ñ O O L L E E S S C C U U E E L L A A N N O O R R M M A A L L S S U U P P E E R R I I O O R R F F E E D D E E R R A A L L D D E E O O A A X X A A C C A A I I M M Á Á G G E E N N E E S S M M A A R R I I E E L L A A D D E E L L C C A A R R M M E E N N M M E E N N D D O O Z Z A A A A R R E E L L L L A A N N E E S S C C O O M M P P I I L L A A D D O O R R M M A A R R C C E E L L A A R R V V E E A A D D A A M M I I Á Á N N Mujer esperando el amor / Mariela del 20 armen Mendoza Arellanes 21 ¡No se olvida! 24 ¡Ya entraron! Edgar Cervantes Pérez 4«¡Ya entraron!» Fue el grito con el que me despertó mi madre ese inolvidable día.<br><br> Ya lo esperá- bamos, mi región se sentía preparada para recibir la represión pero nunca supusimos que sería tan ruin y cobarde. Recordé que la noche anterior había dormi- do en el zócalo, ese pedazo de espacio en el cual tan- tas veces anduve paseando en mi niñez comiendo un helado; o en mi adolescencia, perdiendo mi timidez con las muchachas. Ahora era trinchera de nuestra dignidad como trabajadores y pueblo.<br><br> ¿Ya entraron? Me pregunté ¿Cómo era posi- ble? ¿Se atrevió ese infeliz?<br><br> Lo primero que pasó por mi mente fueron c¡mis cuates! d Deseaba saber si estaban bien; me refiero a aquellas personas que son compañía en la soledad de nuestras comunidades, aquéllos que se vuelven tus padres cuando requieres consejo, her- manos cuando necesitas desahogo y familia cuando estás lejos de ella. 4«¿Habría tocado a mi familia ese infeliz»?. Eso era lo único que pensaba.<br><br> Entraron. Al llegar a ese lugar pude ver la des- trucción que en pocos instantes había provocado la violencia de esas personas hambrientas de poder y rabiosas de maldad, una nube blanca envenenada y enrarecida cubría aquel espacio, picaba el gas de los mil carajos, pero la rabia era un pañuelo húmedo que cubría mis sentidos. De pronto, un grito a coro tronó a lo lejos: 4«¡Ya calló, Ya calló&!<br><br> Ese grito encendió mi corazón y mi conciencia. Entraron, fue el 14 de junio y despertaron la conciencia de un pueblo oprimido; un pueblo que se dio cuenta que tiene el poder de cambiar las cosas si se lo propone; un pueblo tan noble por la solidaridad de las Coca-Colas que aparecieron para lavar nues- 25 tros ojos que ardían y lloraban de tanta sinrazón; un pueblo guerrero que había olvidado que en sus venas fluye la poderosa sangre de zapotecas y mixtecos, de mixes y mazatecos, de chontales y chatinos. En fin: de toda la grandeza de nuestros pueblos.<br><br> Entraron ¡Sí, ya entraron&! A la conciencia de la niñez que ignora el motivo de la miseria que sufren sus familias ¡Sí, ya entraron&! En el corazón de los camaradas que perdieron un ser querido en todo este brutal ataque ¡Sí, ya entraron&!<br><br> En miles de gargan- tas que piden a gritos justicia. ¡Sí, ya entraron! Gracias Ulises por tu bendita estupidez.<br><br> 26 Impotencia Norma Canseco Díaz Este día en lo personal será inolvidable pues muchos en el magisterio vivimos una experiencia muy fuerte. Cómo olvidarlo, después de tantas ame- nazas del gobierno con desalojar al magisterio si no regresaba a las aulas, ese terrible día finalmente llegó. Recuerdo bien que el 13 de junio nosotras, co- mo maestras de Misiones Culturales, presentamos un programa social en el cual participamos con bai- lables; en tanto, los maestros de Música estuvieron tocando la música de nuestros pueblos.<br><br> Todo era alegría, muchos bailábamos en el zócalo y disfrutá- bamos de la lucha. Por accidentes del destino ese día me retiré del zócalo a las 23:30 de la noche, el rumor era muy fuerte, se decía que los granaderos entrarían en la madrugada, como a eso de las dos de la mañana. Mi esposo y yo nos fuimos de allí pero antes de irnos a la casa fuimos a recorrer varios puntos de la ciudad donde se decía que existía concentración de granade- ros.<br><br> Nada extraño vimos hasta que llegamos a Santa María Coyotepec, al pasar por ahí vimos mucho mo- vimiento de policías y muchos urbanos entraban al cuartel por la parte trasera. Nos detuvimos allí simu- lando que íbamos a cenar en un puesto de tacos que estaba frente al cuartel, pero la señora ya no quiso vendernos; nos dijo que le habían informado que ten- ía que levantar su puesto lo más pronto posible. De inmediato nos comunicamos a Radio Plantón para informar lo que sucedía pero desafortunadamente el locutor hizo caso omiso de nuestra llamada y dijo que no alteráramos a las bases.<br><br> También lo comuni- camos a nuestros compañeros de delegación para que avisaran a los demás. Nos fuimos a casa muy inconformes pues dejábamos a nuestros compañe- ros. 27 Estuvimos pendientes, la noche fue muy larga y agonizante, después nos dimos cuenta que los ce- lulares quedaron un tiempo sin señal y ya no pudi- mos comunicarnos.<br><br> Esto alteró más mi angustia, esperamos toda la madrugada. Dieron las tres de la mañana y no había novedad, nos recostamos y muy pronto nos despertó una llamada, era mi suegro, lo único que escuché fue que nos trasladáramos de in- mediato al zócalo, que los granaderos habían entrado y que habían detenido a muchos compañeros. En ese momento en el pueblo había mucho ruido, las campanas se escucharon junto con mu- chos cohetes, se oían gritos que decían c¡Vamos a apoyar a nuestros maestros! d.<br><br> Todo fue desespera- ción, las estaciones de radio dejaron de transmitir y Radio Plantón se dejó de escuchar; sólo Radio Uni- versidad estaba al aire dando información de lo que estaba aconteciendo. Mi esposo se fue y él y mi ma- dre no me permitieron salir, me pidieron prudencia, que pensara en mis hijos, que ellos también me ne- cesitaban. Al amanecer todo estaba muy triste, no había transporte, la lucha en la ciudad seguía y yo sin sa- ber de los míos.<br><br> En esos momentos estaba muy alte- rada; quería correr, no sabía qué hacer para apoyar a mi gente, me sentí verdaderamente muy impotente. Finalmente logré comunicarme con uno de mis compañeros y le pregunté cómo podía apoyar; me dijo que llevara muchas cocas colas o botellas de vinagre pues era lo que urgentemente se necesitaba. Me dijo que me acercara al zócalo con mucho sigilo, pues todos estaban dispersos.<br><br> Por fin convencí a mi madre que me permitiera la salida y me fui en busca de mis compañeros, tenía miedo y rabia, muchos sentimientos encontrados, quería gritar, llorar& no sé& Caminé desde el Perifé- rico muerta de miedo y por fin encontré a mi esposo y algunas otras compañeras y compañeros; la ciudad estaba en muy malas condiciones y desolada. 28 De pronto, mucha gente de todos lados co- menzó a llegar con agua y tortas; sin embargo, nadie quería comer, todos tenían sus miradas perdidas, se veía en las miradas la sed de venganza e impotencia, de coraje y desesperación. Muchos parecían sonámbulos, me dio mucha rabia ver en qué condiciones estábamos, con palos, machetes, piedras, tubos, varillas, pedazos de tabla que se ocupaban como escudo, no podía creer lo que estaba pasando.<br><br> Después nos reunimos nuevamente y se deci- dió tomar el zócalo. La policía se había retirado y en- tramos por varios puntos. El pueblo comenzó a llegar en apoyo al movimiento.<br><br> El zócalo olía a gas lacrimógeno, todo se en- contraba destrozado. Vi ropa, zapatos, cobijas. Todo tirado y muchas cosas quemadas; vi también sangre embarrada en el piso, en las paredes.<br><br> Comprendí que la pinta con sangre nunca se quita. Fue hasta ese momento que pude llorar, como lo estoy haciendo en estos momentos sólo de recor- dar lo sucedido; porque aún siento esa impotencia y coraje de no poder hacer nada y ver cómo, poco a poco, nos hemos olvidado de toda esa injusticia, so- bre todo de nuestros compañeros caídos en esta lu- cha. 29 Despierta Evelia Pérez Amaya A ti mi gente callada, a ti que aún vives enga- ñada, que aún te niegas a reconocer la maldad y crueldad de un gobierno sucio, corrupto, enfermizo y delirante.<br><br> A ti que te engañan con una despensa mise- rable ¡Despierta mi gente, despierta! Así como des- pertamos muchos aquel 14 de junio, cuando veíamos y escuchábamos en los medios de comunicación cDesalojan pacíficamente a los maestros de Oaxa- ca&. d ¡Mentira! ¡Vil mentira!<br><br> En realidad fue un acto inhumano y humillante. Helicópteros nos fumigaban como plaga para extinguirnos, para acabarnos y ca- llar las voces de protesta, voces de resistencia e in- dignación. Miércoles 14 de junio, no te olvido.<br><br> Ese día miles de corazones adoloridos y llenos de coraje estallaron con hambre y sed de justicia, con el valor de gritar y luchar contra la gran repre- sión. Este día vimos corazones adoloridos pero no vencidos. Guerra sucia aplicó el gobierno Guerra sucia pidieron sus allegados Guerra sucia nos tendieron detenciones y torturas aplicaron de asesinos nos culparon y acusados de vándalos nos agredieron Por eso mi gente despierta, despierta y lucha.<br><br> Lucha por ti y por nuestra liberación, que juntos acabaremos con esta humillación. 30 Junio 2006 Cecilia Martínez Me resulta agobiante retroceder a este desas- troso año. En lo personal dejó una tonta herida que persiste aún a pesar del absurdo de su existencia.<br><br> A diferencia de quienes lo recuerdan por el torbellino de enfrentamientos e injusticias sociales, cada paso hacia atrás significa un encierro egoísta de sentimen- talismos, de vacíos, ausencias, pérdidas no imagina- das. Aunque también tiene la fragancia de tu cari- ño inmenso, de tu fiel compañía, de esa camaradería irrepetible donde comenzaron nuestras complicida- des. Fueron largos días llenos de incertidumbre, de sol, de fatiga y lluvia.<br><br> Al principio nos invadió el de- sasosiego, las ganas de experimentar sensaciones embriagantes. Caminamos tanto, reímos tan profundo, que el mismo cansancio nos alejó del desastre. El daño ocurrió, todo era cenizas, llanto, im- potencia y coraje.<br><br> Alrededor se respiraba temor y desconcierto, pero entre el vapor de las lágrimas sur- gió fortaleza y unidad. Había refugios improvisados, mujeres y hombres quietos, ansiosos, expectantes. Manos humildes pero muy sinceras acudían a ali- mentar y mostrar solidaridad a los golpeados.<br><br> Nos asustamos, comprendimos que el asunto era más serio de lo que pensábamos, pero esta vez permane- cimos ahí, con los nuestros. Hoy, después de tantas lluvias, de tantos in- tentos por borrar las huellas de sangre impregnada en las paredes, cómplices inmutables del derroche irracional del poder& evaporadas las rojizas lágri- mas, ya todo parece olvidado. 31 El rencor que se alimenta de razón y coraje, agazapado en cada rincón de nuestra tierra, espera el momento preciso y final para abandonar la tregua.<br><br> El verdugo se pasea triunfante&, pobre infeliz, no hay olvido. 32 Flavio Rosario López Cuevas Quién diría que un 14 de junio del año 2006 apareció en la historia de Oaxaca un señor de nom- bre Flavio Sosa. ¡Qué aspecto físico!<br><br> Se escuchaba murmurar a la gente que lo veía pasar ¿Será vándalo? ¿Será bo- rrachito? ¿Quién es ese tipo?<br><br> Los luchadores sociales pregonaban por las bases que era un angelito que había aparecido de la nada y era camarada. ¡Qué ironía! En el otro lado de la ciudad se es- cuchaba todo lo contrario: ¡Qué tipo!<br><br> sólo es un opor- tunista, no lo queremos dentro de nosotros, dizque siendo buena gente sólo busca sus propios intereses. ¿Pero qué pensaba Flavio Sosa? ¡Ahora sí voy a ser rico, tendré fortuna y todos mis hijos vivirán como reyes?<br><br> O tal vez decía: 4«¡Vamos compañeros! ¡Sí se puede! ¡El pueblo unido jamás será vencido!».<br><br> 35 La indiferencia Mariela del Carmen Mendoza Arellanes Somos hermanos de sangre y nos matamos Somos hermanos de corazón y nos herimos Somos hermanos de tierra y nos odiamos ¡Es tan triste ver niños muertos y más triste permanecer indiferentes! Dejamos que gente inocente muera por un odio ancestral Tengo miedo del futuro Tengo miedo del mañana Tengo miedo de nuestra indiferencia 36 Mi gente Mayra Regalado Hernández Cuando veo a mi gente sufrir por su tierra me duele el alma y la rabia me ciega Y motivo al pueblo para que despierte pero todo es en vano ya nadie lo siente ¿Dónde están nuestras tradiciones y raíces? Hay que alzar la vista y seguir adelante porque no dejan de matar a nuestros migrantes Y cómo puedo defender a toda mi raza si el gobierno mata a quien se alza Y los ricos tiemblan si el pueblo despierta ¡A luchar conmigo!<br><br> ¡Defendamos la tierra! Salgamos todos hoy alzando la voz que el rico escuche nuestra convicción Luchar por el pueblo, agarremos la hoz seguro que la lucha será sangrienta y atroz 37 La lucha constante Floriana Cruz Cruz Las reuniones eran hermosas disfrutar la cálida compañía de mis amigos era grato Los saludos y abrazos no se hacían esperar todos los días eran de fiesta Y ahora ¿dónde comeremos? qué importaba el lugar Lo importante era que compartíamos durante el día que nos contábamos nuestras penas y alegrías que nos entregábamos a la lucha para liberarnos a nosotros mismos Todos los días nos disfrutábamos reímos de todo, un vaso con agua era motivo de celebración y jolgorio Compartimos el pan y las penas lloramos, cantamos, construimos y soñamos nuestras quimeras Soñamos caminos, senderos mejores Soñamos con pueblos deseosos de paz Soñamos a gente con cara sonriente amando y cantando en plena igualdad 38 Ciudad de fuego Alfonso Muñoz Ríos En las calles líquidas de aquella ciudad sumergida los corazones metálicos de su gente se han quedado sin vida Sólo pétalos negros quedan volando en los ríos de casos y cosas extrañas Y a lo lejos se escuchan las sirenas corriendo hacia las cálidas montañas Cuando las mariposas de plástico estén vivas querrán morirse de tristeza o volarán rogando que algún día esta lluvia de plomo no las hiera 42 niñas y niños de mi tierra 45 Yo no tenía la culpa Norma Oliva Martínez Torrez En mi pueblo no había papelerías para com- prar el material escolar.<br><br> Había que ir a la ciudad y mi mamá solamente podía los sábados&, si es que tenía dinero. Un jueves la maestra nos pidió resistol para trabajar con el libro recortable de primer grado; yo tenía cinco años y era muy tímida, hablaba poco, pero ese viernes me atreví a pedirle a Angelina, la niña con la que compartía el mesabanco, que me prestara su resistol. Ella contestó muy indignada que no, que le di- jera a mi mamá, que me comprara uno.<br><br> Si fuera una tarea en casa, hubiera sido más fácil porque mi abuelito me hubiera ayudado con la resina del palo mulato; o mi mamá me hubiera hecho un poco de engrudo con harina de maíz, pero en la escuela no tuve valor para pedirle resistol a nadie y empecé a recortar figuritas y pegarlas con ¿&? ¡In- tenté pegarlas con saliva! Angelina le avisó de inmediato a la maestra, quien sin preguntar me dio dos varazos en las pier- nas.<br><br> Quise llorar pero moría de la vergüenza, de co- raje, de dolor y frustración, lo soporte porque me daría más pena si mis compañeros me vieran lloran- do. Por eso aguanté. La maestra dijo que al día siguiente tenía que ir con cmi responsable d.<br><br> Mi mamá me quería mucho, era su única hija, me defendía a capa y espada de lo que fuera, sólo tenía el inconveniente que tenía un carácter muy fuerte y daba miedo. Si le confesaba que la maestra me había dado dos varazos seguro me regañaría y le iría a gritar a la maestra. Eso me asustaba sólo de pensarlo.<br><br> Por eso le dije a mi mamá que no sabía qué quería platicar la maestra con ella, pero de cualquier 46 manera tenía que ir; así que al día siguiente fui con ella a la escuela. La maestra muy apenada le contó lo que había sucedido, claro que obvió los dos varazos que me dio en las piernas. Mi mamá le dijo que sin falta el lunes llevaría el resistol, pues ese sábado iría a la ciudad.<br><br> Ahí se solucionó el problema, pero veintisiete años después aún sigo recordando con cierto dolor a esa querida maestra. No entiendo aún por qué me hizo daño sin haber tenido la culpa, quizá lo hizo de modo inconsciente, quizá tendría un problema per- sonal, pero lo cierto es que yo no tenía la culpa; ni siquiera me preguntó por qué no llevé el resistol. Yo no tenía la culpa& Ahora que soy maestra, cuando recuerdo este triste episodio de mi vida, sólo reflexiono y le pido a Dios que por favor, los niños y niñas que han estado bajo mi responsabilidad durante mis doce años de servicio docente, no me recuerden tal como yo re- cuerdo a esa maestra.<br><br> No quiero que me recuerden por haberles cas- tigado cuando no tenían la culpa& 47 Mis muchitos de polvo Edgar Cervantes Pérez Dedicado a mis alumnos de la costa, que por las condiciones de pobreza en que sobreviven, tienen que caminar hasta cuatro horas para llegar diariamente a la escuela. El ir y venir diario por esos caminos tan ca- lientes que sólo pueden compararse con el fuego de tu corazón, con tu deseo de aprender y superarte, con el sueño de que algún día no seguirás en la mi- seria perpetua que te tiene atrapado. ¡Mi muchito de polvo!<br><br> así te he llamado porque te respeto, porque no podría soportar ni una sola de las muchas tristezas de tus días, porque es más grande tu ánimo de llegar a la escuela que las cuatro horas de caminata que te separan de ella. Ahora comprendo por qué bostezas. Ahora en- tiendo por qué no quieres jugar, por qué no puedes atender mi lección.<br><br> Es más voraz tu cansancio y tu apetito que mi esfuerzo absurdo de enseñarte una tonta lección de gramática. Con tus hechos me demuestras que soy yo quien debe aprender mucho de ti. Venimos del polvo, dice la Biblia, pero tú eres ave fénix que renaces diariamente del fuego de la miseria y del olvido.<br><br> Apareciendo iluminado por esos caminos gruesos de polvo y piedra que te traen a la escuela&, a mí . Valoro la tierra que pisan mis pies porque tú la pisas. Amo tu sonrisa cuando llegas a mí, inocente y alegre, y con tu cara chimeca me dices: 4«¿Maestro, que nos enseñará hoy?».<br><br> 48 Gloria Lorena Margarita Ramírez Ojeda Eres un ángel tierna niña valiente, hermosa y divina Así es el principio de la vida, Gloria mía Grandes deseos tenías de venir al mundo Lograste vivir al lado de mortales Oro valías a tus familiares rodeando a tu madre de bendiciones Imagen tuya a todos nos dejaste Fue así que Dios nos mandó un ángel 49 Niños de la soledad Cecilia Martínez Rostros surcados de café pegajoso& Es mu- gre ahorrada, guardada en las capas de su resisten- te piel. Cabellos tiesos y opacos. Pies endurecidos, agrietados de tanto caminar sin rumbo ni destino.<br><br> Labios resecos (que sonríen felices bendicien- do los restos de una maldita coca cola que un imbé- cil compasivo, con la idea de apartarse un lugar en el cielo, se dignó darle), tripas lloronas y vacías que se acostumbran al diario crujido sin respuesta. Miradas lánguidas que se posan en un rollizo niño que juguetea con un helado y un enorme globo que se escapa de sus manos& así como escapan los suspiros de aquéllos que se saben miserables, que se saben desterrados antes de tener conciencia para decidir su futuro, aquéllos que no hallan cómo echar raíces sin herir las propias que vagan sin fir- meza, durmiendo a la intemperie, sin más cobijo que el ancho cielo, sin más caricia que el viento frío. Y aquéllos que teniendo techo se hallan des- piertos para no sufrir, que permanecen alertas cui- dando su mundo, su espacio& Aquéllos que lloran con el corazón porque sus ojos están ocupados vigilando los pasos del intruso, aquellos que venden sonrisas a cambio de pan, que trabajan incansables para evitar una mirada de desprecio.<br><br> Aquéllos que huyen para protegerse de golpes y vejaciones, que viven por siempre con cicatrices abiertas porque fueron desplazados por el absurdo, pero que finalmente comprendieron que vale más su libertad y dignidad que un mugroso plato de frijoles y una taza de café acompañada de reproches&, de llanto eterno. Pobres niños que a temprana edad perdieron el regazo de su madre, que no saben de la calidez de 50 un beso, la ternura de un abrazo, la suavidad de una sonrisa. Pobres niñas que no tienen permitido jugar porque deben madurar, crecer, sobrevivir.<br><br> 51 Minerva Patricia Carrasco Ramos María tiene un mes de nacida y no comprende nada, no sabe descifrar el significado del beso que le dio su mamá en la frente. Ese beso que le dio mi nieta es de despedida, se va para siempre del pueblo. Benito Juárez es un pueblo de la Sierra de Oaxaca, aquí nació mi nieta Minerva a principios del mes de diciembre de 1994.<br><br> Recuerdo su niñez con mucha alegría, cuando jugaba con sus hermanitos, cuando acompañaba a su papá al campo a recoger algunas hierbas para comer, cuando iba a traer leña para encender la fo- gata y soportar el frío del invierno. Le gustaba mucho ir a la primaria, hacer sus trabajos y ensayar los jue- gos y cantitos que le enseñaba su maestra. Iba a entrar a tercer año, sus papás la inscri- bieron a la escuela y le explicaron que le tenía que echar muchas ganas, que obedeciera a su maestra y a mí también porque ambos tenían que irse del pue- blo para trabajar y poder enviar dinero, le dijeron que eran muy pobres y no tenían qué comer.<br><br> Minerva no pudo ver cómo se iban sus papás pues sus lágrimas, la neblina y el frío de la sierra se lo impidieron. Los primeros meses, cuando yo veía que ya no era buena hora para estar en la escuela, iba a bus- carla. Casi siempre la encontraba en la orilla del ca- mino, sentada sobre una piedra, con los ojos hin- chados de tanto chillar.<br><br> Poco a poco se le fue pasando la tristeza por- que siempre estaba ocupada cuidando de sus her- manitos, ayudándome con las tortillas. Algunas ve- ces hacía los mandados de la gente y cuando le da- ban un taco, rapidito lo traía a sus hermanitos. 52 Cuando salió de sexto fui por su papel y la maestra me dijo que Minerva siempre le contaba que sus papás eran muy buenos porque se habían ido para darle un mejor futuro; decía que ella ya quería que llegara el futuro para que regresaran sus papás y estar juntos por siempre.<br><br> Desde que entró a la secundaria cambió mu- cho, se volvió malcriada, se puso bien rebelde, se enojaba por todo y siempre quería andar fuera, me echaba la culpa de todo: porque no le podía ayudar con sus tareas, porque permití que se fueran sus papás, porque no les hablaba para que regresaran. Para que ya no me tuviera tanto coraje, un día me sacó de quicio y le di una hoja donde tenía apun- tados el teléfono y la dirección donde estaban sus papás en el Norte y le dije: si no quieres estar con esta vieja, entonces vete a buscarlos. Ya cuando iba en segundo, un día fui otra vez a la escuela porque no regresaba a tiempo, yo tenía que irme a vender las tortillas y ella tenía que cuidar a sus hermanitos.<br><br> La señora que vende las cocas, las maruchan y las papitas afuera de la secundaria, me dijo que Minerva muy seguido se iba con Adán, el hijo de Don Cástulo. Me dio mucho coraje y ya en- trada la noche, cuando ella llegó, le di de palos hasta que me cansé. Después de eso ya no pude con ella.<br><br> Ahora ya no voy a pelear más con ella porque se va para siempre y todo porque un día llegó a de- cirme que me hablaban de la escuela. Cuando llegué me explicaron que Minerva llevaba cinco meses de encargo y que ya no la podían tener ahí, me la llevé y ya no terminó la secundaria. Cuando le empezaron los dolores, corriendo subí por la señora Vicenta, la partera del pueblo.<br><br> Mi nieta tuvo una niña preciosa con unos ojos negros bien grandes, igualitos a los de Don Cástulo, lástima que él ni su hijo Adán quieran conocerla. Hace poco, Minerva se levantó muy de madru- gada, de rodillas me pidió que la perdonara, le dio un 53 beso en la frente a María, me la entregó bien dormi- dita y me la encargó mucho. Ahora, cuando caiga la noche y María se pon- ga a llorar, espero se calme cuando le diga que su mamá la quiere mucho, que se fue al Norte, a traba- jar, para darle un mejor futuro& 54 Alejandro Mariela del Carmen Mendoza Arellanes Soñaba con ser una gran diseñadora, me ima- ginaba haciendo los más bellos vestidos pero nunca imaginé que la vida me llevaría a diseñar personitas tan bellas como son los niños.<br><br> El destino me llevó a ser educadora. Al princi- pio renegaba de mi trabajo, no me gustaba estar lejos de mi familia, de mis amigos. Cada vez que iba a mi comunidad me enojaba, hasta que un día alguien me dio un consejo: csi ya estás en esto, hazlo con ganas, procura ser la mejor en tu trabajo y no se te hará pe- sado d &, y así lo hice y así sucedió.<br><br> Con 6 años de servicio he conocido gente ma- ravillosa y niños que han marcado mi existencia, en cada lugar que voy dejo una parte de mí y yo me quedo con una parte de ellos. Quiero compartirles que hace dos años conocí a un niño lleno de luz y paz de nombre cAlejandro d. Físicamente era delgado, de tez morena clara y son- risa angelical.<br><br> Cabello muy negro que contrastaba con sus hermosos ojos grandes. Vivía con su madre y hermana, su padre estaba en la tierra de los sueños, allá, lejos de su familia, buscando una mejor estabi- lidad económica. Alejandro era un niño sociable, le agradaba jugar con su primo Miguel Ángel, jugaba con plastili- na, pintaba y gustaba usar el material.<br><br> Siempre que podía me evadía pues no le gus- taba escribir letras. Me decía: c¡Ya maestra, son mu- chas letras! d, y me sonreía, y le sonreía, porque con esa mirada y su hermosa sonrisa nada le podía ser negado. El día que cumplió 5 años de edad le pidió a su madre que le preparara mole, porque le gustaba mucho ese platillo.<br><br> Su madre lo adoraba y cumplió 55 su deseo, invitó sólo algunos niños del salón, no qui- so invitar a las niñas. Nunca quiso participar en el bailable del día de las madres; sin embargo, un día, un número muy ensayado se iba a repetir en la clausura del curso y quiso participar, faltaba menos de un mes para este gran suceso, pues terminaban sus estudios de pre- escolar. Un miércoles 13 de junio, los niños realizaron unas tarjetas para sus padres, ya que el domingo 17 se celebraría el día del padre.<br><br> Anticipándome a la situación familiar de algu- nos niños, les dije que a veces no tenemos a nuestro papá cerca, o tal vez no contamos con la dicha de tenerlo aún vivo, pero a pesar de ello, podíamos es- cribir la carta para quienes consideraran sus padre, y quienes lo tuvieran lejos, podrían hacerla de cual- quiera manera, pues sus madres podrían enviarlas por correo. La actividad consistió en decorar un pedazo de cartulina azul turquesa y cada niño me dictaría el mensaje para su padre, yo lo escribiría en un su li- breta y ellos lo copiarían en una tarjeta. Alejandro fue uno de los primeros en termi- nar, el mensaje de su carta decía: 4«Te quiero mucho, papá».<br><br> Tenía tanto ánimo en trabajar que me pidió permiso para ayudar a su primito, y así lo hizo; cuando llegó su madre, le comenté que el niño se había portado muy bien y había trabajado mucho. Por cuestiones sindicales, no asistí a trabajar los dos días siguientes, cabe mencionar que en esos días yo contaba con 8 meses de embarazo. Al llegar el día lunes, como de costumbre, lle- gué temprano al Jardín de Niños y la señora inten- dente de la escuela me recibió a gritos con las peores palabras que he escuchado en mi vida: 4«¡Maestra, Maestra, atropellaron a un niño y parece que murió!».<br><br> 56 Yo no daba crédito a lo que escuchaba, le pre- gunté de quién se trataba. Mi corazón palpitaba, un nudo en la garganta me impedía respirar, cada niño tiene un lugar especial en mi corazón. 4«¡Fue Alejandro!», me dijo la intendente.<br><br> Entré al Jardín para decirle al director que iba a buscar noticias del niño. En el camino rezaba con el corazón que estuviera vivo, deseaba que su muerte no fuera real, pero cuando llegué a la casa de su abuelita, en la carretera, estaba aún el charco de sangre de mi pequeñito. Hablé con la abuelita y me confirmó la noticia, Alejandro falleció el domingo 17, a las 9 p.m, por múltiples golpes causados por su atropellamiento.<br><br> Sentí desmayarme. Aún siento el dolor en mi corazón. No he podido reponerme de esa terrible pérdida.<br><br> Ya en la escuela, la señora de intendencia me advirtió que me tranquilizara para no afectar a mi bebé ni a los otros niños. Luego de ello escuché a los niños cantar el himno nacional y aunque intenté contener el llanto, no pude. Veía a Alejandro ahí formadito, cantando, sonriéndome alegremente como siempre lo hacía.<br><br> Luego de ello, algunas madres de familia me llevaron con su mamá, y cuando ella me vio se abrazó de mí y me dijo sollozando: 4«¡Maestra, ma- taron a mi Ale!» d. Nos abrazamos, lloramos juntas, no tuve palabras para consolar a una madre que sufría por la muerte de su hijo, toqué mi vientre y pude imaginar el dolor tan grande de esa madre. Esperé a que terminaran de preparar el cuer- po, tan pronto salieron los señores que lo prepararon entré para despedirme de él.<br><br> Lo vi y me pareció que estaba dormido, vestido, con la ropita que utilizaría en la clausura. Su rostro se veía intranquilo, un tul blanco cubría su cuerpo, tenía las manos entrelaza- das pero sus ojos estaban entreabiertos. 57 Su madre me dijo que no quiso cerrar sus oji- tos, le tomé sus manitas y las sentí heladas.<br><br> No res- piraba, no sonreía, no me hablaba. Lloré y lloramos con la gente de allí, lloraba Miguel Ángel al ver a su primito, mejor dicho, a su hermanito muerto. Lo abracé tratando de consolarlo y en ese momento sentí moverse a mi bebé, yo pienso que trató también de calmar a Miguel Ángel.<br><br> Luego le hablé a Alejandro y le dije que se fue- ra tranquilo, que no se preocupara por su mamá ni por su hermanita; que estarían bien, que no tuviera miedo, que llegaría a un lugar bonito. Cuando terminé de decir esto, el rostro del ni- ño cambió, se veía tranquilo y sus ojos finalmente se cerraron. Su padre llegó al día siguiente y con lágrimas en los ojos leyó las últimas palabras que Ale escribió en su vida: 4« Te quiero mucho, papá » 60 mi Tierra 62 Nuestra Tierra Ildefonso Gómez Colin Es evidente que la pobreza se relaciona con las múltiples necesidades existentes en nuestros pueblos, sobre todo indígenas.<br><br> Uno de estos casos lo representa San Juan Yagila, comunidad donde yo laboro, la cual para obtener recursos económicos tiene que vender a empresas madereras sus recursos naturales, provocando el deterioro ambiental y el im- pacto negativo a la flora y fauna de la región sierra norte de Oaxaca. Las inadecuadas políticas gubernamentales de desarrollo sustentable, la pobreza extrema y la igno- rancia, la falta de capacitación a los comuneros, así como la nula implementación de campañas de refo- restación, han hecho presa fácil a los dueños de es- tas hermosas tierras de taladores de montes y gente sin escrúpulos, cuyo interés personal es obtener di- nero sin importar las consecuencias de sus acciones. Durante mi estancia en esa población, he ob- servado los constantes cambios climáticos, incompa- rables en otras épocas.<br><br> Los jaguares, los venados y los jabalíes son al- gunos de los animales que han dejado estas tierras debido a la destrucción de su hábitat por parte del hombre, pues la ambición de unos cuantos y las ne- cesidades de muchos influyen en una destrucción alarmante de la vida en nuestro planeta. El crecimiento de la población y la necesidad de alimentos han provocado que los pobladores de Yagila tengan que carrasar d con la abundante vegeta- ción existente, cuyas imágenes sólo quedan como gratos recuerdos de la gente adulta de la comunidad. Desde mi punto de vista estos pueblos deben ser administradores de sus propios recursos natura- les, fomentar campañas de reforestación urgente- mente, recurrir a la explotación racional de sus bos- 63 ques, implementando acciones de desarrollo susten- table en beneficio de la población.<br><br> Considero indispensable enfrentar esta reali- dad con nuestros alumnos, mediante la explicación amena y consciente de los valores que tienen que practicar. Es ahora o nunca. No podemos más contribuir con la extinción de la vida, no debemos participar más en la lucha del hombre por el hombre y de su inevitable futuro: la muerte.<br><br> 64 Recuerdos de humildad Ildefonso Gómez Colin Aún recuerdo la algarabía de la gente, de los alumnos de las escuelas visitantes y de las personas de la comunidad. Es un día muy especial para San Juan Yagila, ya que la comunidad ha sido sede de los eventos culturales de la zona escolar 07 de escuelas secundarias Técnicas. Todo es alegría, todo es emoción.<br><br> Reconozco la labor titánica de la autoridad municipal, autoridad comunal, comité de padres de familia, radio Yaxhil 104.5 F.M., personal de la escuela secundaria técni- ca 161, y de la comunidad en general por su capaci- dad de organización; así como por el compromiso que tienen con la educación de la niñez y la juventud de este rincón de la sierra norte de Oaxaca. Son las 17:30 hrs. del día 26 de febrero del 2009, los visitantes se preparan para partir llevando a sus lugares de origen la humildad de esta gente, quienes a pesar de formar parte de un sector muy marginado de la sociedad, demostraron durante los días 25 y 26 de febrero cque la educación es la mejor forma de hermanar a las comunidades de la sierra norte de Oaxaca d.<br><br> La mayoría de los visitantes tuvieron su pri- mera experiencia al ingresar a una cabina de radio y comentaron sus impresiones antes, durante y des- pués del evento. La radio comunitaria Yaxhil dio a conocer a través de ondas hertzianas los pormenores de estas actividades. Ya son las 20:00 hrs.<br><br> del día 26 de febrero, to- do llega nuevamente a la calma como una llama que se enciende, ilumina y se apaga& ¡Gracias hermanos zapotecas por demostrar- nos su humildad y su grandeza! 65 El Cristo Crucificado Guadalupe Gutiérrez Jiménez Relato de la tradición oral escuchado al Sr. X Gutiérrez, mi padre.<br><br> Voy a atreverme a relatar la aparición de una imagen que representa un Cristo Crucificado. Esto sucedió en uno de los barrios al sur de la comunidad de Teotitlán del Valle, Distrito de Tlacolula, estado de Oaxaca. ¿Cuándo sucedió esta aparición?<br><br> No puedo precisarla con exactitud, pues las personas vecinas del lugar que me lo relataron, hoy han fallecido. Probablemente fue en la época de la colonia, en el siglo XVI. Nadie lo sabe de cierto, pero para la fe del relato, la imagen se encuentra todavía en el lugar de los hechos, en la casa marcada con el número 4 de la calle Aquiles Serdán de la sección cuarta, de la mencionada población.<br><br> Cabe mencionar que esta población se fue es- tructurando con el tiempo en cinco barrios. Ante- riormente sólo tenía dos, uno al norte y otro al sur; fue en el barrio sur donde sucedió la aparición del Cristo crucificado. El relato me lo narró mi padre y es el siguiente: cUna alegre mañana de un día domingo, en uno de los últimos jacales ubicados en el barrio sur del pue- blo de Teotitlán del Valle, vivía una familia muy pobre, compuesta por el señor Estaban Alavez y la señora Da- miana González, quienes tenían un único hijo de nombre Trinidad, el cual tenía seis o siete años de edad aproxi- madamente.<br><br> Ese domingo la familia se preparaba para tomar su almuerzo en el patio de la casa, ya que por ser do- mingo, decidieron disfrutar la alegría del día y el calor agradable del sol matutino para calentar sus cuerpos. 66 Fue en ese momento cuando hizo su aparición un limos- nero quien les saludó respetuosamente solicitando algo con qué calmar su hambre. Esta familia recibió al visi- tante de muy buen agrado, invitándolo a sentar y ofre- ciéndole para ello un trozo de madera que el niño le pro- porcionó de inmediato.<br><br> Al término de su sencillo alimento, el limosnero agradeció a la familia y con toda humildad se retiró del lugar. La familia, como suele suceder, comentó la visita inesperada del pordiosero, pues en un lugar tan despo- blado nadie transitaba por allí. De pronto, el padre pre- guntó a su familia si se habían percatado por dónde se había ido el limosnero.<br><br> Como nadie dio razón, ordenó al pequeño Trinidad cerciorarse. El niño salió corriendo en busca del limosnero pero no vio a nadie, sólo encontró en la calle un bulto o al- guien recargado sobre el corral de piedras, lo cual comu- nicó a sus padres. Madre y padre salieron apresurados y encontraron, a la sombra de un huachilote un cCristo Crucificado d.<br><br> El padre, la madre y su pequeño hijo Trinidad se miraron unos a otros sin decir palabra, quedaron como mudos, espantados, desesperados. No sabían qué hacer, si gritar, llorar o llamar a los pocos vecinos que allí viv- ían. Finalmente, la familia se refugió en su humilde cho- za, cerrando la puerta.<br><br> ¿Rezaron? No se sabe; lo que sí sabemos es que transcurrido el tiempo el padre ordenó nuevamente al niño Trinidad a cerciorarse si todavía estaba el Cristo. 4¡Sí& allí estaba!<br><br> con la cabeza inclinada hacia el costado derecho, con humildad indescriptible, mirando hacia el suelo, como pidiendo a la familia que lo recogie- ra. Así fue, juntos fueron nuevamente al lugar y car- garon con el Cristo, depositándolo con todo respeto y ternura en el pequeño altar de la casa. Acordaron llamar a los vecinos para comunicarles el hallazgo, éstos decidieron dar aviso al párroco y auto- ridad del lugar quienes se presentaron para dar fe de lo acontecido.<br><br> El sacerdote opinó que la imagen no debía estar en esa choza sino en el templo de la comunidad. La 67 familia aceptó la sugerencia y ayudaron a cargar el Cris- to; sin embargo, a pesar que el Cristo había entrado por la puerta de la choza con facilidad, ahora no cabía para sacarlo; de tal manera que tuvieron que destrozar parte de la pared de carrizos para lograrlo. Finalmente la ima- gen fue trasladada a la iglesia del pueblo.<br><br> A las primeras horas del día siguiente, el padre de familia fue corriendo a buscar al párroco para decirle que el Cristo Crucificado se encontraba nuevamente en su hogar, en el mismo lugar donde lo habían colocado el día anterior. Nuevo movimiento del sacerdote, autoridades y vecinos. Otra vez se hizo el traslado de la imagen a la iglesia, mas sus intenciones fueron frustradas, pues el peso del Cristo era enorme y ya no lo podían cargar.<br><br> De esta forma el sacerdote y todas las personas presentes acordaron dejarlo en paz en esa humilde choza, al lado de la familia, que como pago de su humildad y pobreza, al compartir la sal y la tortilla con el menesteroso, tuvie- ron la gracia como recompensa del grato hallazgo de la imagen. d Después de muchos años de ocurrido el hallazgo, la imagen del Cristo Crucificado milagro - samente ha crecido. La cruz de madera original ya es pequeña para él, los responsables actuales del cruci- fijo mandaron a construir otra cruz de mayor tama- ño. También se observa que el Cristo ha envejecido, el color de su piel es más moreno; su cuerpo, de la cintura hacia arriba, está más inclinado hacia el frente y su cabeza se encuentra en la actualidad completamente recaída sobre el lado derecho del pe- cho.<br><br> Este es el relato del Cristo Crucificado, las personas que deseen visitar esta imagen lo pueden hacer para corroborar lo que aquí se describe, los habitantes del lugar informarán la ubicación del do- micilio de este sorprendente acontecimiento que ha dejado admirados a todos los moradores del valle de Tlacolula. 71 Exhorto de la madre tierra Julia Isabel Jiménez Pascual Hombre inteligente, creativo, racional& ¡Eres maravilloso! ¿A dónde quieres llegar?<br><br> No entiendo por qué teniendo la vida en tus manos pretendes exterminarla. Pon alto a tu loca carrera, siéntate&, respira profundo, date un breve tiempo para descansar. Deléitate en este instante ante todo lo que puedas admirar.<br><br> ¿Escuchas el canto de los pájaros? ¿El ruido del río que choca con las piedras en su andar? ¿Ves aquél árbol que mueve sus ramas por el viento suave que las ha de arrullar?<br><br> ¡Qué sucede, no te escucho! Sólo veo en tu mejilla dos lágrimas que empie - zan a rodar. Sin duda alguna estás conmocionado, ante lo atroz, terrible y abominable de tu crueldad.<br><br> ¿No esperabas esto? Por eso te invité a des- cansar; para que descubras por ti mismo el daño irreversible que me has causando. ¿Recuerdas aquél bosque con sus gigantescos árboles?<br><br> ¿Aquéllos ríos con sus abundantes aguas cristalinas? ¿Todos aquellos hermosos y asombrosos animales? Te has puesto a pensar dónde fueron ¡Obser- va!<br><br> Todo desapareció; en lugar del bosque espeso hay una metrópoli infestada de edificios, comercios y fábricas, calles y avenidas contaminadas por la ba- sura. Los autos recorren las carreteras y avenidas como sangre que corre por las venas, expidiendo en sus andares el humo negro que contamina y asfixia. El agua es muy escasa y para beberla hay que comprarla, hay que pagarla, pues los ríos y reservas han sido vendidos a empresas, cuando en un princi- pio, todo les he regalado y los pocos ríos que aún 72 quedan son depósitos de aguas podridas y pestilen - tes.<br><br> Los animales han sido exterminados. No se acostumbraron a vivir así, algunos afortunados están encerrados, añorando algún día salir de ahí. Este es mi retrato, el de tu ambiente.<br><br> Com- prendo la razón de tu llanto; sin embargo, hoy está en tus manos detener al monstruo que has creado. Empieza por ti mismo, por tu familia, por tus hijos, tu casa, tu trabajo, tu localidad. No esperes ver cómo se termina mi vida por- que soy única y lo que hoy ves no tiene retoño.<br><br> Cuida por favor la naturaleza, mi vida, respé- tame, ámame y consérvame. No contribuyas más en mi agonía pues lentamente estoy muriendo por tu irracional cobardía. 73 El viaje Cecilia Martínez El agua tibia relajaba nuestros fatigados cuerpos brotaba de la fuente nuestra risa en libertad El sol cansado se despedía lentamente apresurando nuestro regreso y el firmamento nos ofreció cobijo Corrimos dibujando sueños en la arena bebimos dicha salada en conchas de ostiones Lavé tu recuerdo con olas de agua salada de salitre, que hirieron mis eternas cicatrices El mar murmuraba en susurros tu nombre y el aleteo desesperado de una gaviota desdibujó tu imagen que comenzaba a inundarme& La tenue presencia tuya se volvió eco y nuevamente la brisa del mar esparció pájaros en mi corazón vi que libraban batallas infructuosas con el incansable océano el bullicio de sus alas y de su dicha pegajosa alejó un sentimiento triste que merodeaba mi alma La luna de plata nos ofreció estrellas multicolores melodías de grillos azules y peces coquetones El aire fresco acariciaba nuestros rostros las cálidas palmeras quedaban atrás y poco a poco el sendero se tornó frí<br><br>

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