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Parábola de la jaula el ave y el canto

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Logoterapia. Parábola de la jaula, el ave y el canto. Narra una leyenda popular y extrae de ello un aprendizaje respecto a la condición espiritual de los seres humanos.

Marcel Arvea Damián I II I Deseo 4en esta ocasión y ante ustedes 4, 8parabolar 9 . Es decir, deseo aprovechar la oportunidad que aquí nos convoca, intencionar esta situación de aprendizaje y narrarles una hermosa parábola que escuché hace algunos años en el norte de Líbano. Es muy lamentable que la parábola, a pesar de ser un extraordinario recurso pedagógico para significar el aprendizaje, haya caído en desuso.

Lo cierto es que la parábola representa siempre una posibilidad abierta para la generación de conocimientos conforme a nuestras propias experiencias de vida. Se trata de una parábola que me narró Habib, un sabio y venerable anciano de Margmura, Líbano, donde tuve la suerte de conocerle hace casi diez años. La parábola es muy antigua y forma parte de la tradición oral de la comunidad.

Aún se escucha en los hogares, en las escuelas, en las iglesias&. No tiene nombre; sin embargo yo la ... more. less.

titulé: cLa jaula, el ave y el canto. d Recupero esta parábola porque me permite describir la esencia trascendente del ser humano. Todo ello a partir de la reflexión sobre la tridimensionalidad y unicidad humana; cimientos donde la Logoterapia adquiere originalidad como filosofía de vida y antropología de la existencia.<br><br> Pienso también 4y lo advierto 4, que para la cabal comprensión de esta parábola es necesario hacer fenomenología. Es decir, evitar todo dato que enturbie la percepción consciente y trascendente de la esencia del fenómeno; anulando cualquier interferencia que los datos, los juicios y prejuicios pudieran ejercer sobre la percepción consciente de la esencia. De este modo, quizá, apoyados en la parábola, podamos percibir la esencia trascendente del ser.<br><br> 2 II II II II Habib, el sabio anciano patriarca de Margmura, a la sombra de sus centenarios viñedos, con voz muy dulce, me narró la parábola con las siguientes palabras: »Hace muchos años en este pueblo de Margmura vivió un niño de nombre Yusef, quien es recordado porque gustaba mucho del canto de las aves. Yusef escuchaba las aves cantar mientras pastoreaba sus corderos. Las veía revolotear en las copas de los viejos olivos, trinando sus cantos al viento&amp;, al sol&amp;, al cielo&amp; Un éxtasis indescriptible embargaba a Yusef cuando escuchaba el canto de las avecitas del campo; sin embargo, al acercarse a ellas para escucharles mejor, volando apresuradas y temerosas se alejaban de él.<br><br> Un viernes de primavera, mientras descansaba contemplando las nubes del cielo, escuchó cerca de un pedregal el piar agudo de un polluelo. Prestó atención y fue ubicando el origen del pichón. Muy pronto dio con el pajarito y le tomó entre sus manos.<br><br> Levantó el rostro hacia los árboles pero no pudo dar con el nido ni con los padres del polluelo. Imposibilitado para restaurar el pichón a su nido. Yusef fue a la orilla del río y allí mismo, con juncos y cuerdas, construyó una pequeña jaula.<br><br> En ella colocó al polluelo, quien no dejaba de piar y abrir su pico demandando alimento. Fue así que Yusef alimentó al pichón de propia mano. Le preparaba amasijos de requesón y harina, le daba escarabajos y caracoles, grillos y lombrices.<br><br> El polluelo con el tiempo fue ganando en tamaño y hermosura. Gracias al esmero de Yusef, el avecita muy pronto comenzó a gorjear. Yusef, muy enamorado del canto de su ave, no perdía ocasión para escucharle; se hacía acompañar de su jaula en el pastoreo y tocando su flauta, le acompañaba a cantar.<br><br> Pasado el tiempo, en la siguiente primavera, el avecita ya cantaba primorosamente y era orgullo de Yusef. Una tarde de domingo, a la orilla del río, en tanto meditaba sobre su destino, Yusef tuvo de pronto una especie de alumbramiento, una especie de iluminación... Mientras escuchaba al pajarito cantar con belleza incomparable, pudo distinguir entre las notas del trino todas las tonadillas que tocaba con su flauta ¡El ave había aprendido todas las melodías!<br><br> Yusef no podía creer lo que escuchaba: el ave, aprisionada en su jaula cantaba las tonadillas que él mismo tocaba en su flauta, salvo que el ave no las cantaba con alegría, sino suspirando libertad. III III III III En esta parábola la jaula representa al cuerpo. La jaula humana es somática, tangible, orgánica, fáctica, objetiva, concreta.<br><br> 3 La jaula del cuerpo humano es material; una presencia sensible, placentera y doliente. El cuerpo humano es materia orgánica organizada; es decir: ocupa un lugar en el espacio. El cuerpo, lo mismo que la jaula, lo podemos tocar, acariciar, golpear, destruir, desollar...<br><br> Al igual que el cuerpo, la jaula está sometida al deterioro del devenir y del tiempo. La jaula se apolilla, se oxida, se quiebra y se desintegra para reintegrarse nuevamente al ciclo natural de la materia y la vida. El cuerpo enferma&amp;, el cuerpo duele&amp;, el cuerpo muere&amp; IV IV IV IV La jaula sin ave carece de finalidad conforme al significado originario que la significó.<br><br> Es decir: la psiqué otorga identidad al cuerpo así como el ave ofrece identidad a la jaula. Por ello, al ver una jaula vacía decimos: «una jaula para gallos, para loros, para gorriones&amp;» ; pero tan pronto la jaula es habitada por su inquilino, ya no atendemos la jaula sino el ave que le habita: dejamos de ver la jaula y decimos: «un gallo, un loro, un gorrión». En esta parábola el ave representa la psiqué que ofrece identidad al cuerpo.<br><br> La psiqué es subjetiva, inmaterial, delirante, sufriente. La psiqué es intangible, dinámica y al igual que el cuerpo, está sometida al deterioro del tiempo. La psiqué también se desgasta, sufre y goza, imagina y muere&amp; Lo mismo que el ave morirá en su jaula, la psiqué morirá en su cuerpo.<br><br> Ante el poder ineludible de la muerte, el cuerpo es el sarcófago de su psiqué . V VV V Pero más allá de la jaula y del ave, del soma y su psiqué , existe un algo&amp; indecible, invisible, inabarcable, impensable. Una dimensión desconocida, inmedible, incuantificable e inconmensurable que excede nuestra cognición, nuestro raciocinio, nuestra percepción y pensamiento.<br><br> Sabemos de ese algo por sus manifestaciones, por sus expresiones y sus actos. El espíritu es la posibilidad trascendente del ser. Pues así como el canto trasciende la jaula que aprisiona al ave; así como el canto del ave se extiende más allá del territorio que le encarcela en una jaula; así el espíritu humano trasciende el cuerpo y la psiqué que le contienen.<br><br> El espíritu es el canto. 4 El canto del ave, su trascendencia, supera las condiciones materiales y objetivas de la realidad concreta de la jaula y del ave misma. El canto inmaterial del ave es su esencia trascendente, pues el canto del ave sólo puede suceder en el aquí del ahora y en el ahora del aquí; existe, culmina y resucita de pronto 4súbitamente 4, porque nunca deja de ser canto nuevo y renovado.<br><br> El espíritu trasciende el cuerpo y la psiqué así como el canto trasciende al ave y su jaula. V VV V De este modo, podemos decir que la enseñanza principal de esta parábola es que el espíritu no sólo es condición específica y propia del ser humano; no sólo es su esencia necesaria, sino es, sobre todo, su esencia trascendente . Si esto es verdad, como parece lo es: yo no tengo espíritu sino el espíritu me tiene a mí&amp; El canto es la esencia trascendente ...<br><br> y el canto es el logos , el verbo, el dabar, la palabra &amp; El ser que nos hace ser, ya no de un modo sino conforme a un sentido: el el el el sentido trascendente del ser sentido trascendente del ser sentido trascendente del ser sentido trascendente del ser &amp; &amp;&amp; &amp; Autor. Marcel Arvea Damián Autor. Marcel Arvea Damián Autor.<br><br> Marcel Arvea Damián Autor. Marcel Arvea Damián marvedam@hotmail.com Fragmento del libro cAmor, Ciencia y Logoterapia: memorias de un congreso. d Editorial La Mano. Pp.<br><br> 164-169

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